Esta flor de sal se recolecta en las montañas del Atlas que rodean Marrakech, en Marruecos. Allí, el agua subterránea es naturalmente pura, salada y muy rica en minerales naturales.
Los salineros excavan pozos para extraer el agua con la que alimentan las salinas enclavadas entre estas montañas. Este entorno único, excepcionalmente expuesto al sol y al viento, confiere a esta flor de sal un sabor singular, a la vez yodado y mineral. Una unión única entre tierra y mar.
El color «azul Majorelle» de su tarro se inspira en el «cactus bola» y en el célebre «azul Majorelle» del Jardín Majorelle de Marrakech.
«Esta flor de sal combina especialmente bien con las carnes»